Este artículo apareció publicado en la revista Historia Natural (Madrid 2004).


De la relación a la invención

 

"El viento sopla y remueve la superficie del agua, así se muestran los efectos visibles de lo invisible"

I-CHING, el Libro de los Cambios

 

La naturaleza, y el hombre como una parte más de ella, se resiste a simplificaciones. Aunque esto ha sido evidenciable por el hombre desde siempre (la naturaleza no se detiene a esperar los cambios en las culturas), sólo hasta hace unas décadas las ciencias occidentales han decidido enérgicamente asumir el estudio de la complejidad. Y lo ha hecho porque las visiones reduccionistas y mecanisistas del universo, de la vida y del hombre mismo, han dejado de dar los frutos que otrora.

Al introducir la mirada a escalas de orden inferior a las moléculas, los físicos tuvieron que admitir que allí sus concepciones tradicionales de la materia resultaban inadecuadas. Se sustituyó entonces la idea (simple) de sustancia por la (compleja) de conjunto de relaciones.

Inversamente, al tener en cuenta escalas grandes de espacio, temporales y de velocidad, el modelo cartesiano que separa las nociones de tiempo y espacio dejó paso a otro que no las diferencia, y que además las curva, al tener en cuenta altas masas (estrellas) y altas velocidades (cercanas a la de la luz).

La percepción del organismo viviente como máquina compuesta por partes funcionales, cuya mejor metáfora podría ser una locomotora o un coche, también cedió ante una visión que se centra más en el proceso que en la materia o sustancia, y sobre todo en las relaciones que establecen las partes, más que en las partes mismas. Esto es válido además en diversas escalas, como la molecular, la celular, la orgánica, la poblacional, la ecológica y la bioesférica. La ciencia comienza ahora, muy lentamente, la aventura de estudiar la totalidad de lo viviente como un sistema. Hay que decir que en este punto persisten tensiones y diferencias en la comunidad científica: mientras hayan carencias de herramientas técnicas, conceptuales y lingüísticas para tratar holísticamente los sistemas complejos interrelacionados, las propuestas de estudiar el todo viviente sin separarlo en sus partes seguirán siendo asociadas a posturas no científicas.

Conforme avanza la ciencia de la genética y la proteómica, y cambia también la mirada respecto a la vida, cada vez se evidencia más una realidad en la que el ser humano es sólo un organismo más, sin ninguna jerarquía especial en el todo viviente. El árbol de la vida cuya rama superior culmina en el hombre (masculino, blanco) es también una estampa que se quedó en un cajón acumulando polvo.

El área científica que más rápido se ha transformado en las últimas décadas, y que más resultados importantes ha dado, ha sido la del estudio de la vida desde el código genético. Uno de los aspectos que se ha develado ha sido la enorme complejidad y dificultad de analizar el código genético de cualquier organismo debido al hecho de que existe una enorme -al menos más de la esperada- interrelación entre genes que se regulan unos a otros. Al representar por medio de un grafo (puntos y flechas) la interregulación de la mayoría de genes de un organismo bacteriano (como la Escherichea Coli), se observa una red que posee bifurcaciones y bucles de diversos órdenes. Este tipo de estructuras o patrones de interrelación diversa dan cabida a flujos de información y combinación de información paralelos.

La percepción, los modelos y teorías del funcionamiento del cerebro se revolucionaron debido a la identificación de procesos cerrados en la red de neuronas cerebrales, y que interfieren en la percepción. Esto indicó que la percepción que se tiene de la realidad no proviene de información directamente externa, sino que se retroalimenta con señales propias del cerebro y con resonancias. Así pues, parece que la percepción y la actividad productiva cerebral no son fácilmente diferenciables, y que la imagen que tenemos del mundo en gran parte la construimos nosotros mismos: percibimos creativamente. (Como corolario de esto: la analogía entre ordenador con cerebro también resultó inadecuada).

Los modelos de la morfología y la geometría de la naturaleza, basados en esferas, cubos, líneas, conos, etc… no satisfacen ya la mirada del científico, pero tampoco la del espectador de películas generadas en ordenador. Los estudios de los fractales –término que crece en familiaridad-, proponen métodos simples para recrear geometrías complejas, como nubes, árboles, manchas, topografías… Si bien antes (s. XIX) los conjuntos de propiedades fractales eran calificados de monstruosos, desde hace unas pocas décadas se han convertido en objetos de interés y estudio. Varias de las teorías matemáticas de los fractales, aunque muy recientes, no son más difíciles de entender que el cálculo básico (el hecho que una teoría matemática simple no se haya desarrollado hasta hace poco es un buen indicio de un cambio de actitud e interés por parte de la comunidad científica).

Estos ejemplos y muchos otros, manifiestan aspectos en común relacionados con la necesidad de cambiar la visión de la naturaleza, abordarla desde otros puntos de vista y también con otras herramientas. Se ha iniciado ya esta transformación que algunos señalan como cambio de paradigma científico a la vez que social. Bajo la nueva mirada y actitud se tiende a valorar más las relaciones en un sistema que sus partes, nodos o sustancia. Como el número de relaciones casi siempre será mayor, en un sistema, que los nodos que se relacionan, al poner el foco de atención en los aspectos emergentes de las relaciones, se percibe el todo como una suma mayor que sus partes. Y, como consecuencia de esto, se evita estudiar alguna de sus partes sustrayéndola del sistema (se evita pues el reduccionismo, estrategia propia del mecanisismo). En un sistema en el que hay más relaciones que partes relacionándose existen por necesidad bifurcaciones, y probablemente bucles, y se torna difícil o imposible establecer jerarquías. Y como consecuencia de todo esto se producen en el sistema procesos no lineales. Este tipo de procesos necesitan, para ser abordados científicamente, de teorías matemáticas no lineales (como la teoría del caos). Las visiones holísticas y sistémicas intentan comprender un organismo o un sistema como un todo inseparable y para ello necesitan establecer su red de flujos.

De esta forma el concepto de red, coincidiendo con la incorporación de internet (y todo sus imaginarios asociados) a la sociedad globalizada, ha adquirido un inusitado protagonismo. Los cambios de óptica científicos ocurren de forma paralela a los cambios de óptica sociales. Así la idea de red ha adquirido una gran importancia en distintos campos del conocimiento y actividad humanos: desde las ciencias naturales hasta la política; desde el estudio de las lenguas a la composición musical; desde la comunicación al arte, a la danza, a la literatura, y un largo etcetera.

Pero además de existir un concepto o paradigma que se acomoda muy bien a diferentes cambios que ocurren en múltiples discursos y prácticas, el modelo de la red permite -yo incluso diría: invita a- que estos discursos y prácticas sean relacionables. Si dejamos de lado las sustancias y observamos las relaciones y los flujos, podemos llegar a observar, por ejemplo, que fenómenos que ocurren con la evolución de las lenguas (filogenética lingüística) son comparables a otros que ocurren en la evolución de seres vivos desde el punto de vista de su código genético (filogenética biológica).

Pero partiendo de la sola constatación, se puede ir más allá. Veamos. Ciertas técnicas simples de estudio comparativo de código genético se pueden aplicar a cualquier entidad que también posea un sustrato de código, como un libro (cuyo código es el texto), o una pieza musical tonal (cuyo código es la partitura). Por otro lado los bioinformáticos han desarrollado estrategias y técnicas de visualización que ayudan a evidenciar propiedades del código que cierta investigación necesite. Así por ejemplo, por medio del trazo de arcos, es posible develar las repeteciones de secuencias de código. Correlacionando estas ideas podemos entonces aplicar técnicas de visualización de propiedades de código genético a una fuga de Bach o cualquier otra pieza y obtendríamos una técnica de visualización musical. Y con este ejemplo quiero ilustrar el hecho de que a través de una visión y comprensión de la realidad basada en redes, visión que por demás adquiere cada vez más fuerza, es posible establecer correlaciones entre teorías y prácticas humanas de forma novedosa. No es sólo posible sino que siempre ha ocurrido, pero que ahora lo hace con energía renovada: se levantan nuevos puentes entre el arte y la ciencia; se mezclan discursos e intereses; y las humanidades, el arte, la ciencia y todas las formas de conocimiento se retroalimentan y contribuyen así a la formación de un ser humano menos fragmentado.

 

Santiago Ortiz 2004
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